Escritos

Una evidencia: no podemos parar de pensar en todo lo que hay en nuestra vida, lo que ha acontecido, momentos e historias que estamos viviendo, otras que ya hemos vivido. Todo adquiere una particular importancia, y nos produce una angustia constante. Tantas mañanas pasadas, y cuadros por pintar. Mientras, el tiempo pasa, y no podemos controlarlo. Es algo cíclico aquello que nos sucede, un sentimiento de extrañeza que a la vez nos genera una ilusión. Cada minuto pasa más rápido que el anterior. Sin proponérnoslo si quiera suceden momentos, algunos nos inquietan, otros nos revelan una sonrisa. Así se va completando un ciclo. De eso se trata: de concluir etapas, y comenzar un nuevo calendario que nos ayude a comprender, a errar, y a reír. Esta idea no es más que una premisa indispensable para consumir nuestros momentos, nuestra vida, y con ello nuestro propio trabajo artístico, siempre experimental. No vale todo, sólo aquello que creemos importante y relevante en nuestra permanente relación con el mundo y con las personas que lo componen. La cercanía nos intimida y traslada hacia un estado reflexivo, acerca de la propia existencia que nos depara, como cuando sentimos una proximidad inminente hacia un color, o hacia una imagen concreta, y la fotografiamos. Todo cuanto sucede guarda relación, ante ello debemos ser capaces de entender esta relación y asimilarla, creando un lenguaje propio, particular, y distinguible, de los que ya existen.

15-08-2010 

 

 




 

Hay cosas que sólo pasan una vez en la vida. A veces no sabes que cosas son ni cuando van a pasar. Por eso debemos aprovechar cada segundo, para hacer aquello que deseamos y así en el momento más inesperado pasará y nos alegraremos. La frescura surge así, si buscas el momento no lo encontrarás, debes esperarlo trabajando, entonces llegará y te sorprenderá. Esto hará que tengas un motivo nuevo para seguir luchando por aquello que has venido haciendo hasta ahora. Reconocer el momento es muy intuitivo y la intuición no se puede explicar ni medir, pero si sentir al igual que el acto de pintar.

05-01-08

 

 


 

 

 

Cada cosa me influye de un modo u otro. No puedo evitarlo. No tengo que pensar como, simplemente pasará y poco a poco lo iré descubriendo. La vida son experiencias, y esas experiencias se traducen en emociones, sonidos, palabras o imágenes plásticas. Esto hace que tenga sentido la lucha y que cada experiencia complete mi camino llegando a sentir o a emocionarme delante de un cuadro o una canción. Todo lo que me rodea es tan bello que no soy consciente de hasta que punto puede cambiar o influir en mi vida. La experiencia estética me rodea por todas partes, no puedo evadirme de ella. Así que, ¿por qué no aprovecharla?

09-01-08

 

 


 

 

 

Nunca me jacté de tal cosa, sólo percibí su esencia más inmediata y comprendí que debía ser así y no de otro modo. Reconocí el instante en el que el momento cobró vida. Solamente buscaba… El momento me sorprendía, la imagen misma lo hacía, nunca sabía que pasaría, el resultado del trabajo realizado durante horas sería todo un misterio.

Pero, eso me hacía trabajar con más ganas, lo que me llevaba a la conclusión de que ese resultado intuitivo me conducía por caminos desconocidos y atractivos para mí.

15-05-08

 

 

 


 

 

 

La pintura: juego mental.

Pintar es jugar continuamente con la mente, a veces sin darte cuenta. La mente juega a dictar unas acciones u otras, a proponerse a sí misma objetivos o metas que le diviertan por muy complicadas que le resulten a priori. En un juego nada se premedita, la ética y la moral, el bien y el mal, lo racional y lo sensible, todo entra a formar parte de un único objetivo: disfrutar el momento sean cuales sean las consecuencias. Lo mismo pasa cuando pintamos, por lo tanto nuestra mente no se encarga tanto de pensar como de jugar pensando.

Noviembre-2008 

 

 


 

 

 

Al igual que dice Kafka “Mis historias son una forma de cerrar los ojos”. Me muevo entre la lógica y el absurdo y encuentro la belleza en un pensamiento nuevo que me viene dado sin avisar. Así busco y encuentro lo exclusivo. La exclusividad es auténtica, y lo auténtico no admite retoques sino aciertos de primera intención. Querer acertar demasiadas veces es un error.

Marzo-2009 

 

 


 

 

 

Lo mejor que me puede pasar es aquello que siempre deseo. Me muero por bailar y a la vez deseo estar aquí, sin ruidos. Es entonces cuando me pregunto: ¿si el silencio es tan poderoso como la música por qué nunca habla? Jamás pensé en ello, sólo cuando mi cabeza no podía pensar más, entonces renuncié a lo superfluo, a lo fuera de sentido, para así quedarme con las cosas que vibran ante mí: el color, el amor, el sonido, las luces. Esta nueva manera de conocer mí alrededor me hacía descubrir una nueva etapa. Una etapa donde el “sin sentido” cobró aún más sentido para convertirse en ideas, en  razones para vivir.

 

Enero-2009 

 


 

 

 

Todo lo que hacemos tiene algún sentido, basta con creer en ello y funcionará. Me gusta conservar zonas que me motiven para continuar. Las respeto y a partir de ahí todo comienza a marchar. Nuestro pensamiento suele ir más rápido que la mano. Por eso llegaremos a concebir la plenitud cuando descubramos ese pensamiento a través de la acción manual. Rojo, azules, rosas, naranjas, verdes, incluso grises sin quererlos han surgido de mi memoria, de ese juego continuo que manifiesta mi conciencia cuando duermo, río, lloro, tiemblo, hablo o pienso. Este es le momento en el que mejor funciona mi cerebro. Las direcciones de mis pinceladas son variantes pero mi mente sólo una y constante, aunque mis pensamientos no. Tengo muchos a lo largo del día y a veces me asustan. Necesito ordenarlos y ejecutarlos, estetizarlos de alguna manera, por ejemplo pintando.

31-03-09 

 



 

 

 

Las fotos me hacen ser más consciente de aquello que deseo, y sobre todo ser más consciente de cómo soy, por lo tanto lo que yo busco con ellas es mi identidad más que una imagen fotografiada. Según dice Husserl: “El “yo” vive en lo que  ejecuta.”

Junio-2008

 

 


 

 

 

Lo irreal es lo que imaginamos. Yo imagino mi cuerpo. Creo una escena que no existe. El escenario es el espacio. La luz dibuja el contorno de aquella irrealidad que he inventado. El azar interviene, provoca encuentros en mis imágenes. El momento me sorprende como la picadura de un mosquito. La imagen suena y debe continuar, adquiere autonomía. Por lo tanto, puedo afirmar que mis imágenes son autónomas, igual que mis pensamientos o que mi propia imagen física.

Diciembre-2009

 

 





Al acostarme no sentía nada. Sólo silencios coloreados, penumbras rojas y muchos relojes sonando. Todo casi sin proponérmelo, mientras el tiempo pasaba.

Noviembre-2009

 

 


 

 

 

Circunstancias estéticas de mi identidad

 

Mis pensamientos me ayudan a llegar a lugares donde mi cuerpo desea estar. Invento imágenes para poder crecer. Las imágenes me definen, busco mi identidad en ellas. Cada imagen es una nueva manera de pensar, y pensando mi cuerpo adquiere autonomía e identidad. Todo se anticipa a mi memoria y a partir de ello creo la imagen que antes no existía, compongo mis pensamientos a través de la fotografía.

 

Por lo tanto, fotografiando describo aquello que pienso. En este sentido, fotografiar para mí no significa tomar una fotografía, sino construir una imagen a partir de muchas tomas. Abordo distintos espacios discursivos usando como soporte la imagen digital. No me interesa producir una imagen determinada previamente, sino crear una que se produzca mediante hallazgos encontrados, hallazgos que surgen a partir de lo que no veo y de lo que no controlo del todo. Dichos encuentros estéticos y formales constituyen un espacio nuevo que me sorprende. Esta sorpresa provoca un interés en mí por continuar trabajando de este modo, con el que poco a poco me voy definiendo cada vez más.

 

Se trata de una búsqueda personal del significado de mi propio cuerpo: ¿En qué momento estético puedo afirmarme?

Enero-2010

 

 


 

 

El acto de crear me remite a disfrutar de lo esencial, de lo inabarcable y deseado. Esta es mi constante. Nunca es suficiente. Escribo para darme cuenta de mí misma porque la evidencia no es tan clara, porque nunca será suficiente. Siempre cabe algo más en algún lugar desconocido, en una canción desterrada o incluso en deseos sin voz. Todas estas circunstancias originan imágenes, caminos visuales que escenifican momentos sin más. Estos en ocasiones los inventamos para ser más felices. ¿Acaso no puede ser igual de válido aquello que imaginamos? Lo real a veces resulta tedioso y frustrante. Parece mucho más fascinante el invento, lo nuevo adquiere un atractivo particular susceptible de echarse de menos.

 

Persistir en el cambio, en las diferencias, enriquece nuestra vida artística y personal. Pero esta persistencia no ha de ser controlada en todo momento. Trabajar sin excesivos esquemas preconcebidos nos conduce al crecimiento evolutivo de nuestras propias ideas.

 

04-06-2010